Viajeros del ártico

Un anónimo hombre del Yukón

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archivo_viajeros_del_artico-23 Los perros de trineo empiezan a estar inquietos. Hace rato que la madera, de la estufa se consumió. La cálida y confortable cabaña de troncos no ha podido impedir que penetre el frío de la madrugada del Yukón. A través de la ventana el cielo azul y despejado promete un día primaveral, pero los primeros rayos del sol apenas pueden elevar la temperatura por encima de los 35 grados bajo cero. El cuerpo se resiste a abandonar el calor de nuestros sacos, pero en un esfuerzo final la disciplina impone las obligaciones y hacemos frente a los 15 grados bajo cero que el frío de la larga noche ha proporcionado a nuestra estancia. Dentro, se impone una frenética actividad para evitar entumecernos y preparar los equipos de filmación, mientras fuera los perros se agitan nerviosos en espera de ser atados al trineo.

Los perros nórdicos son criaturas del frío, la noche y la luz de la luna. Por sus venas corre la sangre de aquéllos que tuvieron el Ártico como morada. Y, aún hoy, estos fuertes y rudos animales, fieles portadores de los genes de sus antepasados, aúllan a la luz de la luna. El gemido resuena en los bosques y cuando uno observa la magnífica figura, recuerda aquellos tiempos en los que el lobo fue rey absoluto de El Gran Norte.

La algarabía de saltos y ladridos aumenta cuando ven los arneses y ya no cesará hasta que se levante el ancla del trineo y corran a toda
velocidad sobre la nieve. Tab es un macho fuerte y grande. Divertido y cariñoso, adora estar con la gente y tiene un corazón que apenas le cabe en su enorme pecho. Nervioso e impaciente, muerde la cuerda en un deseo por comenzar su trabajo. Zar es un husky blanco de enorme belleza. Espera sentado e inmóvil, demostrando la serenidad y entereza de los jefes. Creo que debe pensar que es un perro del equipo del legendario sargento Preston. A veces pienso quién manda realmente en la manada, si él o yo. Él por supuesto piensa que es rey y jefe absoluto, permaneciendo por encima de mis caprichos.

Me acerco y saludo: ¡Hola Zar! Él, como siempre, contesta con un gruñido. Sería una ofensa para su pundonor de jerarca absoluto negarle su puesto. Chief espera como siempre, solitario y tranquilo. La dulzura de sus gestos contrasta con su aspecto salvaje de lobo ártico. Zurra, hijo accidental de una noche de pasión del irrefrenable Tab, tiene la candidez de su madre y el corazón de su padre. Cuando recibe la orden de arrancada puede correr durante horas sin parar. Su desaliñado y «zarrapastroso» aspecto no hacen justicia a su valía como perro de trineo. Ther es un impresionante atleta de magnífico aspecto, joven y alocado, al cual le hemos encomendado la responsabilidad de su padre. Espero que dentro de unos años se convierta en el perro guía que fue Mayer. Kena es loca y pendenciera. Introduce en el equipo esa nota de furia y discordia de las hembras temperamentales. Cuando gruñe todos evitan sus afilados colmillos… Menos Zar, claro. De su cabeza cuelga una oreja desgarrada por el furioso mordisco de una perra malamut de igual talante.

archivo_viajeros_del_artico-15Ya están todos atados, dispuestos en fila india por parejas. Mis atletas esperan impacientes la orden de salida. iAik!… Levanto el pie del freno mientras mis manos se agarran con tuerza al trineo. En la espalda siento la sacudida de doce bestias en pleno furor. En extrema tensión por permanecer sobre el trineo, controlo con mis píes el precario equilibrio mientras las cuchillas del patín muerden el duro hielo. En un instante todo pasa deprisa mientras un gélido aire entra por el hueco de la capucha.

A miles de kilómetros, el loco mundo sigue su imparable camino hacia el futuro mientras yo, no sé bien si en el presente o el pasado, saboreo las glorias de los hombres del Yukón.

Un anónimo hombre del Yukón

JMP291Un anónimo hombre del Yukón

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