Regreso a El Gran Norte

Alaska es tan grande que no cabe en la imaginación, su territorio abarca casi la mitad de Europa, y su mapa sobre el de EEUU se extiende de costa a costa, desde Miami a los Ángeles. Su geografía la recorren casi 4.000 Km desde la isla de Attu al monte Sant Elias, los inmensos y frondosos bosques del sur contrastan con los yermos paramos de la tundra Polar, y los tórridos 40 grados del desierto de Kobuk en verano, con los casi -70º bajo cero que se llegaron a alcanzar un gélido día de invierno. En verano el sol cegador no da tregua, y cuando llega el invierno todo se hace oscuro, y sobre el negro firmamento del norte los dioses pintan auroras boreales, a veces flamean durante horas en el silencio de la noche polar.

53.000 Km de costa recortan este mosaico de hielo y roca sobre un océano azul y blanco, tres millones de lagos salpican e inundan el Gran Estado, y un gran río recorre a lo largo de miles de kilómetros la singular geografía de un territorio que se reparten en feroz lucha osos y lobos.

Alaska es una tierra de extremos : inmensos valles dominados por un Dios sereno y majestuosos, Denali es la más grande, así la llamaron los indios sin saber que lo era, una inmensa mole de más de 6.000 m, que domina las alturas del continente desde el polo norte al Ecuador.

En algunos lugares las playas de arena y grava crean el semblante amable del ecosistema marino, en otros las montañas se arrojan al mar y de su encuentro surgen abismos sobre los que cuelgan ríos de hielo; los glaciares milenarios, presentes en todo el territorio se precipitan al vacío entregando con estrépito y tronido su pesada carga.

Y del caos surge la vida, la llegada del agua dulce del hielo que se funde en el mar, es el caldo de cultivo que llama a las miles de millones de criaturas que cada verano acuden puntuales a su cita. Son los dominios del rey salmón.

En el norte, donde la tierra termina, un océano infinito y gélido atrapa y cautiva a las criaturas que viven en el Ártico, sobre este mágico territorio los Inuit crearon su hogar y aquí permanecieron aislados durante miles de años, ajenos a la civilización que ya conocía la escritura y la modernidad, ajenos al presente, y ajenos a si mismos. Ellos siempre pensaron que estaban solos, que más allá, al sur, el mundo se terminaba y no había nada.

Hoy, poco más de 7.000 almas ocupan una región tan extensa como la mitad de España, cinco poblados aislados por miles de kilómetros de tundra ártica, aislados del mundo, aislados de todo y de todos.

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